La ciudad de los locos

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Con este autor tenemos una historia de aguante hacia una literartura bastarda que no encajaba en los cánones de la época; textos de un escritor raro, inclasificable,  del que se burlaban diciendo que hacía “literatura en desprestigio sobre ciudadanos desprestigiados para lectores sin prestigios”. Le gustaba lo truculento. El amarillismo. Contar sobre marginales. Alguien que tenía muy en claro que no se dedicaba a esto para el bronce de una estatua sino por la adicción que le provocaba poder jugar con la locura.