El mundo perdido

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Descubrí este libro por pura desesperación: ya había leído todo Sherlock Holmes y no me quedaba nada. Entonces agarré «El mundo perdido» del mismo autor, pero en la tapa había el dibujo de un dinosaurio. Nunca me importaron un carajo los dinosaurios, por eso lo empecé sin ganas. El descubrimiento fue tremendo: supe que no te enamoran los personajes, sino los autores. Porque si bien el profesor Challenger no era Sherlock, ni Ned Malone era Watson, ni el Amazonas era el barrio de Whitechapel, en mi cabeza resonaba una frase de alivio: «Sir Arthur sigue acá, conmigo, un rato más».