El hombre que fue jueves

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Entre todos los policiales clásicos este fue especialmente memorable. En primer lugar por la infinita recursión (no es extraño entonces que tanto le gustase a nuestro JLB) de realidades. Me recuerdo vagamente en medio de la confusión de no saber ya si acaso existía alguna realidad que las sostenga a todas. Este jaque a la identidad, a la construcción de la realidad,  quizás lo aprendi y empecé a pensar leyendo El Hombre que fue Jueves. La segunda es la batalla entre el poeta del orden y del desorden.  Puede que mi memoria no sea precisa, leí este libro hace mucho y elegí no revisarlo para este comentario. Pero recuerdo la derrota del poeta del desorden como si fuese personal, en primera persona. Como a media que el poeta del orden esbozaba sus argumentos los míos (a la vez o incluso antes que los del poeta del orden) se desvanecían. En cierta medida, y así es como lo reconstruyo hoy desde cierta distancia, este libro me enseño a dudar.