Cien años de soledad

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Hay un momento, a los trece o catorce años, en que te creés capaz de leer algunas cosas simples, pero sospechás que no vas a entender las importantes. García Márquez había ganado el Nobel en esa época, y los adultos hablaban de su gran novela. La agarré un día pensando que sería incomprensible, y a las cuatro horas ya estaba dibujando el árbol genealógico de los Buendía en mi carpeta de matemáticas. Sonreí mucho, extasiado, sin poder creer que la «gran literatura» no era complicada ni tenía palabras raras. Que podía ser simple y directa. Que me podía hacer llorar.