Bestiario

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No fue el primer libro de Cortázar que leí, fue el primero que entendí. Antes había comprado «El Examen» que me resultó incomprensible. Después compré este librito de tapas amarillas y no paré. De los dieciséis a los diecisiete devoré Cortázar sin parar. Cuentos, ensayos y novelas. Lo que entendía y lo que no. Fue la primera vez que un escritor no me interesaba como narrador sino como compinche. «La realidad no tiene por qué ser solemne», me gritaba. En mi cabeza «Bestiario» no es un libro: es la memoria del día en que conocí a un amigo del alma.